HAY HOMBRES QUE PARECEN UN PAISAJE

 

Hay hombres que parecen un paisaje

cuando cierran la puerta

y se quedan delante de nosotros.

 

Recuerdo muchas veces pupilas amarillas

con rumor de hojas tristes 

pisadas por el turbio zapato de la tarde.

 

Recuerdo las sonrisas cubiertas por la nieve

igual que la pureza,

ese valle que esconde la conjura del barro.

 

Y recuerdo desiertos en la piel,

el bosque vigilante con búhos en los hombros,

silencios que parecen una ciudad cansada,

escaleras y manos que sostienen

el licor tembloroso de la noche.

 

Hay hombres aeropuerto,

hombres de luna con tejado, hombres

que llegan de la selva y buscan rascacielos

y son como minutos en un reloj de arena.

 

Así que cuando vuelvo solitario a mi casa,

y me recibe el mar en mis ojos castaños,

el mar azul y libre

con espuma de agosto en el espejo,

agradezco a la vida 

la ocasión que me ha dado de mirarte.

 

Estás en mí como un paisaje mío.

Me acompañan tus olas y tus barcos.

 

Luis García Montero, Un invierno propio, Visor, 2011

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